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Mendoza en caída libre

Saltar de un avión que vuela a 3.000 m de altura, y caer libremente a cientos de kilómetros por hora, es algo que también podés disfrutar en Mendoza. El paracaidismo es una de las actividades más solicitadas del turismo aventura.

Si estás buscando que hacer en Mendoza y la adrenalina es una de tus pasiones; tu deseo va a estar satisfecho y vas a poder concretarlo con profesionales con muchos años de experiencia.

Por eso,  quienes saltan al vacío desde un avión que vuela a 3.000 metros de altura sentirá un cúmulo de excitación, de sensaciones encontradas, gritos de emoción y alegría por haber desafiado los propios límites.

La explosión de adrenalina durante la caída libre, comienza a disminuir cuando  el paracaídas ya abierto le da paso a un descenso calmo para disfrutar de las vistas  aéreas de los viñedos y la imponente cordillera de Los Andes.  Y para aquellos que no pierden el “glamour” ni en los momentos más difíciles, pueden sumar a su experiencia un brindis con vinos mendocino mientras disfrutan del vuelo.

Unidos hasta pisar tierra firme

Quienes nunca practicaron paracaidismo, pueden vivir la experiencia gracias a lo que se llama el salto Tándem, es decir, cuando un piloto experimentado lleva a una persona más y se encarga –obviamente- de todo.

Ambos están unidos cómodamente por fuertes arneses. Así, el pasajero sólo disfruta y, entonces, no tiene demasiado tiempo para dudar o escuchar esa voz instintiva que a muchos previene de no saltar.

El salto se realiza con dos paracaídas; si bien el 99% de las veces el principal se abre, existe uno de emergencia para activar si el primero falla. Además –y esto en base a situaciones que sucedían hace décadas por inexperiencia y posibles golpes de los pilotos- el equipo tiene una computadora para que el paracaídas se abra solo en caso de que el que conduce se desmaye. Esto es un requisito obligatorio a través de los reglamentos y se llama Sistema de Activación Automática (AAD por sus siglas en inglés).

 “Quienes quieren saltar lo hacen porque buscan adrenalina”, cuenta Adrián quien –con 32 años de experiencia y 8000 saltos en su haber- hace rato que perdió esa emoción ansiosa pero disfruta con la que cargan (y descargan) sus eventuales acompañantes.

Para realizar esta experiencia hay que tener buen estado de salud en general, y no pesar más de 90 kilogramos. Pueden realizar estos saltos los mayores de 18 años, en caso de menores a partir de los 16 años, deben contar con la autorización de ambos padres.

La experiencia contempla traslados, fotografías y vídeo.

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